
Dedicado también al Periodismo por sus colaboraciones publicadas en diversos diarios y revistas del sur de nuestra patria, constituyen un legado para el desarrollo de la Historia, Literatura y Cultura en general en el interior de nuestra región. Hoy más que nunca, al recordar el 117° Aniversario de su nacimiento, nos aunamos a dicha recordación, sobre todo recordando al municipio y pueblo azangarino, sigan la brecha emprendida por Luna La Rosa, así como cumplir la promesa de re-publicar las obras que nos legó en vida, las mismas que en la actualidad, constituyen un verdadero aporte al desarrollo de nuestra cultura puneña, andina, peruana y americana, porque aquellas ya no se encuentran en ninguna de las bibliotecas públicas, aún en la de algunas de las últimas generaciones que necesitan de aquel alimento espiritual para saciar sus inquietudes literarias y de compenetración a la verdadera posición andina en Literatura, a su vez practicar lo nuestro, muy pronto beber la sapiencia de la identidad cultural acaso, extraviada hacen lago más de quinientos dieciocho años atrás, aunque el tema de identidad todavía no ha llegado a su mayoría de edad, es desde la lectura comprensiva de hechos y acciones de nuestros propios legados tengamos que profundizar la valoración de nuestra identidad, dejando de una vez por todas atrás legados occidentales y moldes tradicionales impuestos que más bien en lugar de ponernos en sí, nos hacen extrañar lo nuestro al mismo estilo de los dominadores y colonizadores de oriente y occidente, como en las mismas épocas y siglos que les tocó y todavía lo hacen subyugándonos y olvidar nuestros legados culturales, aún nuestra propia idiosincracia netamente peruana y peruanista.
en prosa con temas de Folklore extraído de sus experiencias en los pueblos de los últimos rincones de nuestro Altiplano peruano, particularmente de las provincias de Azángaro, Lampa, Huancané, Moho y otras, cuyas manifestaciones artísticas a más de presentarse tradicionales y costumbristas, en la actualidad contribuyen eficazmente en el escenario espiritual del hombre y mujer puneños el criterio de la búsqueda de nuestra identidad cultural y autoestima que queremos lograr retomarla, esa identidad que estamos seguros los puneños mismos lo sentimos casi nuestra.
De la lectura de sus póstumas publicaciones “Zampoñas del Kollao” (1975) y “Máscaras del Altiplano” (1983), nos basta tener en cuenta: “Que mejor expresa la naturaleza a través del arte al producir esa música rasante y armoniosa del Sicuri y del Phusamoreno...La génesis del SICURI se remonta posiblemente a la época precolombina. Pero esa música ya era conocida en el incanato que la usaba en las grandes hecatombes litúrgicas. Cuando se erigía un templo o un edificio público con el esfuerzo gigantesco del brazo indígena o también cuando miles de hombres roturaban la tierra para la siembra...Era el holocausto o tributo a la Pachamama y a los dioses lares...El acto solemne de ofrendar este tributo...a la madre tierra era acompañado por una música litúrgica cuyos graves arpegios expresaban la trascendencia del acto. Esta música era ejecutada por comparsas o bandas de zampoñistas que más tarde fueron llamados “KALLAMACHOS”. Esta música litúrgica es la precursora del sicuri, así como la tragedia del derrumbamiento del Imperio lo es del Ayarachi. De ahí el tono fúnebre invariable de esta música. Todas las ceremonias rituales de aquella época con músicas espectaculares y apropiada fueron conservadas por la tradición a través de las generaciones...El altiplano aymara que corresponde Huancané, Moho, Conima...es el vasto escenario, con su atmósfera de sonidos puros, donde germina, florece y se cultiva el arte vernáculo y musical de sicuri. En toda esa vasta altiplanicie y en las riberas del Lago Sagrado se levantan sus antenas sensibles para captar los motivos de inspiración de su paisaje maravilloso, sin duda uno de los más bellos del mundo.
El sikuri, es pues, el trasmisor de esa voz telúrica, de esa sinfonía cósmica, que es la expresión hecha música de aquella Naturaleza sonora y poderosa que sabe modelar sus artistas autóctonos como un hábil escultor a sus obras de arte”(”Zampoñas del Kollao: 5,6 y sgtes.). De igual modo: “El abolengo de las máscaras populares en el Perú es milenario. Se remonta a la época incaica.
Tal vez la precolombina. La máscara es elemento vital y emotivo de la danza. Y tan antiguo como ella. La danza es contemporánea de la humanidad. El hombre expresa en la danza toda la gama de sus sentimientos. Su vehículo es el ritmo. De ésta nace la danza colectiva, la que tiene emoción social. El lenguaje en que el hombre expresa sus anhelos y más tarde sus movimientos es la danza. Por esto es más profundo que la palabra. De ahí que ni las manifestaciones de carácter mágico, ni la esencia religiosa pudieron prescindir de la danza. De es arte emotivo que se expresa en ritmo y movimientos armónicos. Así nacieron las danzas litúrgicas, las danzas guerreras, las danzas fúnebres y las suplicatorias. La adoración a Huiracocha, la del Dios Inti, el culto a la Pachamama y a los apus tutelares no podría prescindir de la danza. En ella entraba como elemento esencial la máscara.
En el Inti Raymi la gran fiesta de la Pascua del sol, los danzarines se presentaban cubiertos de máscaras monstruosas, “de las abominables figuras”, según refiere Garcilaso en sus célebres “Comentarios Reales”. Todos los cronistas de la colonia, coinciden en afirmar que el uso de las máscaras de la colonia coinciden en afirmar que el uso de las máscaras era común en las fiestas y danzas del antiguo Perú. Por eso decimos que el abolengo de las máscaras es milenario...Las máscara en las danzas litúrgicas fue creada para infundir temor en las multitudes o ese supersticioso origen de terror, los mitos y de las religiones. Un principio de magia imitativa procedió a su creación.

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